jueves, 15 de mayo de 2014

LA MÚSICA Y TU PERSONALIDAD ¿QUÉ VINCULACIÓN TIENEN?


Toda tribu urbana o movimiento ideológico juvenil se establecen en base a ciertos signos característicos: estética, algunos principios éticos más o menos esbozados, pero principalmente unos gustos musicales bien definidos. La generación beat bailó a ritmo de jazz, el movimiento hippie escuchó el folk y el rock sesentero en festivales como Woodstock, los yuppies con Love Over Gold de Dire Straits. Los góticos y emos se estremecen con cantos oscuros. Y éstos son solo algunos ejemplos. Músicas que marcaron una generación, o músicas que un movimiento social juvenil hizo suyas.

No obstante a lo que solemos creer, la música no explica nuestra manera de ser, usamos la música para vernos identificados con las posturas vitales y políticas que consideramos más validas, pero no existe una vinculación estrecha entre esa identificación y nuestras acciones.

Pongamos un ejemplo: la estética dura y la violencia que rodea al heavy metal no corresponde a la personalidad de sus seguidores: gran parte de ellos son personas amables, pacíficas e incluso con una tendencia hacia la introversión, como apunta un estudio efectuado en la Universidad de Heriot-Watt, mediante una encuesta que fue contestada por 37.000 personas en todo el mundo a través de internet (North, A.C. & Hargreaves, D.J., 2005).

Así lo narra Christopher Drösser en su libro La seducción de la música:

Los encuestados definieron sus preferencias respecto a más de 100 estilos musicales (de la música clásica pasando por el soul) que en teoría eran el reflejo de sus rasgos de personalidad. Esos rasgos eran, por ejemplo: autoestima baja o alta, carácter creativo/no creativo, introvertido/extrovertido, dócil/agresivo, trabajador o vago.

Otorguemos mayor o menor grado de credibilidad al estudio, lo cierto es que al vincular estilo musical con personalidad caemos en generalizaciones e imprecisiones.  Si así obrásemos, estaríamos jugando en un terreno de demagogia barata y usaríamos los prejuicios que imponen los medios de comunicación y las series juveniles de televisión.

A partir de la encuesta diseñada por North y Hargreaves, se podría destacar que la personalidad de los aficionados al heavy metal es muy parecida a los aficionados a la música clásica, aunque su estudio sí matiza que los segundos tienen una autoestima mayor que los primeros, de promedio. Entonces, a pesar de que los estilos musicales difieran en sumo grado, por no hablar de los ropajes que cada estilo musical propone, los clásicos y los melenudos podrían categorizarse dentro del mismo perfil psicológico.

Otra investigación llevada a cabo en la Universidad de Queensland, Australia, liderada por F. Baker y W. Bor (2008), dan respaldo a las conclusiones anteriores, descartando de este modo que la música o el estilo musical juegue un papel causal en el comportamiento antisocial, por ejemplo. Sí sugieren, no obstante, que la identificación con un estilo musical es un indicador de vulnerabilidad emocional.

Por consiguiente, el estado psíquico es apriorístico, y a partir de éste cada individuo se deja conquistar por aquella música que encaja con su personalidad. En ocasiones, escuchar una música con melodías o letras deprimentes a oídos de alguien no quiere decir que sea un factor detonante para deprimir a muchos de sus oyentes, sino que, al contrario, en ocasiones este tipo de músicas ayudan a superar momentos bajos de ánimo.


La mayor parte de personas siguen fieles a los estilos musicales que escuchaban entre los 14 y los 26 años de edad, y esto ocurre debido a que la juventud marca nuestras identidades, que ya no serán tan plásticas el resto de nuestra vida.

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