lunes, 19 de mayo de 2014

LA VIOLENCIA QUE EJERCEN LOS ADOLESCENTES SOBRE SUS PADRES CRECE




Golpes. Empujones. Insulto. Humillación. Vejaciones físicas. Dolor. En el cuerpo, sí. Pero, sobre todo, en el alma, hecha jirones tras tantos desgarros. Y muchas lágrimas. Mucho miedo. Hasta terror. Sí, terror. Y la más absoluta incomprensión. Porque el causante de ese infierno es sangre de la propia sangre. Alguien a quien la víctima ha dado la vida, todo tipo de cuidados, mimos, el amor más puro que pueda brotar de un corazón… Porque es su hijo. O su hija.
Las agresiones de hijos a padres en el hogar familiar constituyen un drama creciente, que ha empezado a encender algunas alarmas. El pasado año se produjeron 486 casos en Euskadi que fueron atendidos por forenses, según la memoria del Instituto Vasco de Medicina Legal. Es decir, un 17% más que el ejercicio anterior. Esos episodios, los que llegan a las consultas sanitarias, son solo una parte de los que se registran. La realidad es aún peor. La vergüenza a denunciar al propio hijo o a pedir ayuda; la creencia de que ha sido un arrebato esporádico, excepcional, y que el conflicto se podrá encauzar en breve o, simplemente, el pánico ocultan decenas de drama tras las cuatro paredes del propio domicilio. Sin embargo, la creación de programas impulsados por las instituciones está empujando a algunos ciudadanos a dar el paso y a pedir ayuda tras pronunciar unas palabras que nunca se imaginaron que llegarían a juntar: mi hijo (o mi hija) me pega.
El pasado año se produjeron 486 casos ade violencia de hijos a padres atendidos por forenses en Euskadi
¿Qué cóctel endemoniado en el cerebro y en el corazón lleva a un adolescente a agredir y/o vejar a sus padres? ¿Qué tipo de familias sufren estos actos de violencia? Un equipo de investigación de la Universidad de Deusto, Deusto Stress Research, lleva cuatro años realizando un estudio al respecto para intentar determinar las situaciones y los detonantes que derivan en agresiones físicas y psicológicas en el seno familiar por parte de los adolescentes.
"No hay una causa concreta para determinar que un hijo salga agresivo, pero sí hay factores de riesgo", explica Esther Calvete, investigadora principal del estudio de Deusto Stress Research. Los jóvenes más propensos a agredir a sus mayores suelen tener un carácter irritable, consiguen frustrarse con facilidad, reaccionan con cólera cuando no consiguen lo que quieren... Ese agresivo comportamiento se agrava cuando empieza a consumir drogas o cantidades ingentes de alcohol que le nublan el raciocinio. El enfrentamiento suele surgir cuando los padres, tras conocer ese comportamiento y ser incapaces de frenarlo, se niegan a pagar esos vicios. "Todo lo que necesitan para conseguir las drogas provoca tensiones en el hogar. El adolescente no es capaz de controlar su ira y termina insultando, amenazando, y en menores ocasiones, agrediendo a sus padres", comenta Calvete.
Los jóvenes más propensos a agredir a sus mayores suelen tener un carácter irritable
Los padres participantes en el estudio resaltaban que en el origen del problema está el cambio de amistades o "las malas compañías".
UNA MAYOR ATENCIÓN EN LA NIÑEZ EVITARÍA BUENA PARTE DE LOS CONFLICTOS
El tipo de familia donde los hijos golpean a los padres nada tiene que ver con las clases sociales. Casos de ese tipo surgen en las zonas más acomodadas y en los barrios más marginales. La falta de comunicación y de atención de alguno de los padres al hijo durante su niñez, y la ausencia de uno de los progenitores, bien por una separación matrimonial o por el fallecimiento de este, son desencadenantes que hacen sentir al menor falta de cariño y provoca esta conducta violenta. En muchos situaciones, la exposición a la violencia en la vida diaria de la familia hace que los adolescentes repitan esta acción "En familias donde ha habido violencia contra la madre o contra el propio menor, el adolescente repite esté patrón de conducta" cuando llega a la conocida 'edad del pavo', explica Calvete.
LA MADRE, EN EL OJO DEL HURACÁN
El estudio, llevado a cabo entre 2.179 adolescentes de entre 13 y 18 años, determina que las agresiones psicológicas son más constantes que las físicas en las familias que padecen violencia filio parental. Un 14,2 % del total de los encuestados ha agredido psicológicamente a la madre, al padre o a los dos, frente al 3,2% que decidieron emplear la violencia física contra alguno de sus progenitores o los dos. La razón del origen de la violencia física suele ser la obtención de algún tipo de beneficio como es el permiso para salir, la hora de llegada, la obtención de dinero...
El informe revela un incremento del número de chicas que ejercen violencia contra sus padres. La psicológica es la más empleada, pero también recurren a las agresiones físicas. La madre suele llevarse la peor parte. "Es la que más tiempo está con los hijos, la que les dice que no… Por eso recibe más los golpes", comenta Esther Calvete. "La mujer parece más vulnerable y tiene más boletos de ser agredida. Con el padre se atreven menos”
"LA MADRE ES LA QUE MÁS TIEMPO ESTÁ CON LOS HIJOS. POR ESO RECIBE MÁS LOS GOLPES"
La investigación ha utilizado baremos más rigurosos que otros estudios similares a la hora de fijar los parámetros que determinan el término 'agresión'. En el caso de las psicológicas, solo ha contabilizado los casos en los que se han producido al menos seis episodios de esa índole en un año, y tres en el de las físicas. "Hay que tener en cuenta que el adolescente está en una etapa de rebeldía, de enfrentarse a los padres. Cualquiera, en un momento dado, le chilla o le dice una barbaridad a sus padres".
Para evitar el surgimiento de este tipo de agresiones, los padres deben poner límites, unas reglas claras e inculcar disciplina. "Los niños deben aprender que cada acción tiene sus consecuencias y esas consecuencias deben llevarse hasta el último término", señala la investigadora. "Si se le pone un castigo, debe cumplirlo", comenta en referencia a la permisividad de los padres cuando un hijo hace algo inapropiado y la facilidad que tienen para levantar el castigo.

EL SUEÑO UN TRATAMIENTO MUY EFICAZ PARA LA DEPRESIÓN


Los tratamientos para la depresión no siempre obtienen los resultados esperados, por eso los especialistas en este campo no se cansan de buscar nuevas vías que les permitan enfrentar esta patología de una manera más eficaz. Ahora un novedoso estudio realizado en la Universidad de Stanford indica que el sueño podría convertirse en un buen tratamiento para la depresión.
Básicamente, se descubrió que la eficacia de los tratamientos cognitivo-conductuales se duplica cuando a las personas con depresión también se les enseñan técnicas para conciliar el sueño y evitar el insomnio. Los investigadores tienen mucha confianza en su descubrimiento, tanto es así que afirman que podría ser el mayor avance en el campo del tratamiento para la depresión desde que se introdujo el Prozac, a finales de 1980.
¿EN QUÉ CONSISTÍA EL TRATAMIENTO?
En primer lugar, se le explicaba a las personas el mecanismo del sueño, su importancia y sus efectos a nivel fisiológico. De hecho, por si no lo sabes, el sueño es imprescindible para que nuestro cerebro se regenere y para que se consoliden las experiencias que hemos vivido durante el día.
En un segundo momento, se le indicaron algunas estrategias básicas para crear una buena rutina de sueño. Como irse a la cama siempre a la misma hora, no utilizar la cama durante todo el día a menos que tuviesen sueño y practicar relajación antes de dormir.
Como podrás apreciar, no es nada complicado. Entonces, ¿cómo puede duplicar la eficacia de un tratamiento para la depresión?
Los investigadores piensan que uno de los problemas de las personas deprimidas es que su cuerpo se comporta como si se estuviese cerrando, su sistema inmunológico no responde ante las amenazas, el apetito se descontrola, la fatiga se agudiza y los procesos cognitivos se van apagando lentamente. En otras palabras, la depresión impide la regeneración fisiológica normal, que tiene lugar fundamentalmente durante el sueño. De hecho, se ha demostrado que mientras más crónico es el insomnio, más aguda es la depresión.
Como podrás suponer, si logramos dormir bien, nuestro organismo se regenerará automáticamente, tanto desde el punto de vista físico como psicológico. En práctica, sería como poner a cargar un móvil.
EL SUEÑO “DESINTOXICA” NUESTRO CEREBRO
Las pistas para comprender mejor la acción del sueño en la depresión y nuestro cerebro vienen de otro estudio, realizado en la Universidad de Rochester. En esta investigación se apreció que durante el sueño el cerebro es capaz de eliminar los productos residuales a través de un sistema de drenaje que no se conocía y al que se le denominó “glymphatic system”, en el cual están involucrados tanto el líquido cefalorraquídeo como las células gliales del cerebro.

A través de este sistema, el cerebro eliminaría durante el sueño algunas toxinas, como la proteína beta- amiloide, cuya acumulación es la principal responsable de la aparición de enfermedades como el Alzheimer. Por tanto, no sería descabellado pensar que durante el sueño podemos reencontrar el equilibrio psicológico que necesitamos, sobre todo cuando sufrimos de patologías como la depresión

POR QUÉ NO APRENDO DE MIS ERRORES


Andrés ha mejorado mucho en las sesiones de terapia online. Realmente ha comprendido lo que le ha ocurrido tantas veces, y es que es una persona con una serie de características personales que lo hacen más susceptible y sensible, es tímido en los primeros contactos y le cuesta enormementedecir que no cuando alguien le pide algo. De hecho sus problemas principalmente derivaban de esta debilidad. Me cuenta en una de las sesiones de terapia que esta es la tercera vez que le ocurre lo mismo, empieza a hacer favores a alguien al que no quiere negarle su ayuda, tras lo cual esta ayuda se convierte en una responsabilidad y obligación, poco a poco Andrés va entrando en una rueda de obligaciones (en este caso a su jefe), que cuando consigue salir se plantea una y otra vez…
¿Por qué no aprendo de mis errores? ¿Qué me ocurre para no darme cuenta de cuando estoy entrando en esta rueda?. Su mujer y su hermano se lo dicen constantemente, Andrés parece que no aprendes…. Pero ¿aprende en realidad Andrés algo de todo esto? ¿Qué podría hacer para, ademas de aprender de sus errores, sobre todo para detectar cuando se está equivocando y pararlo a tiempo?
1. HACER UN REPASO DE LO OCURRIDO
A través de nuestros errores tenemos la oportunidad de reflexionar y aprender algo nuevo. Cuando revisamos las consecuencias de una acción que acabamos de realizar, es cuando podemos reconocer el error que cometimos. Debido a esto, nos resulta tan difícil prevenir algunos errores, porque sólo podemos reconocerlos una vez que los hemos cometido. Es por ello que debemos pararnos a pensar en eso que nos ha ocurrido. En ocasiones anteriores Andrés se culpaba de todo lo que ocurría, todos y cada uno de sus fracasos se debían a su supuesta incapacidad de gestionar las situaciones sociales, lo cual hemos comprobado en las sesiones de terapia que no es cierto.
2. DETENTE EN TUS EMOCIONES
Si acostumbras a leer mi blog sabrás la gran importancia que le doy al mundo de las emociones. Es importante que cuando estemos avanzando en esa rueda nos paremos a analizar nuestras emociones. Por supuesto que hay emociones negativas tales como el miedo, la angustia, la tristeza, etc…. y no por el hecho de sentirlas ya va a significar que estamos entrando en una rueda peligrosa, pero sí has de valorar la equivalencia entre el suceso y la emoción, piensa en términos de equilibrio, ya que si sientes una angustia que catalogas con nivel 7 (de o a 10) porque se te haya olvidado traerle el café al compañero que te lo pidió antes de salir a desayunar, vemos que hay un gran desequilibrio.
3. MIRA A TUS MIEDO A LA CARA
El miedo, como bien sabes es una más de las emociones descritas anteriormente, pero prefiero darle el lugar que se merece. Todos tenemos miedos, de hecho tenerlos hasta cierto punto es sano, ya que nos protege de los peligros a los que nos podemos enfrentar. Aún así debemos estar atentos a nuestros miedos, tenerlos muy bien identificados para cuando aparezcan poder marcarlos, imagínate que el miedo es como un rotuladores de los fluorescentes que utilizábamos para estudiar en la carrera, pues bien, de esta manera te será más fácil identificarlos y cuando aparezca una situación ya verás esas ficticias líneas marcadas de amarillo para que puedas verlas al segundo. Si tienes muy claro que tus miedos se centran en cuando tienes que hablar ante un superior o ante alguien del sexo opuesto, te será más fácil identificar ese miedo para poder trabajarlo.
4. NO TE CASTIGUES
¿Qué hacemos cuando alguien se equivoca?. Muchas veces castigamos ( o nos auto – castigamos, si ese “alguien” somos nosotros mismos. ¿Crees que es el castigo una manera efectiva de tratar un error? ¿Qué es lo que produce un castigo? Generalmente aquello de lo que os hablaba anteriormente, miedo sobre todo, pero también resentimiento, vergüenza, culpa, etc.
¿Mejora esto nuestra capacidad de actuar de una forma más efectiva? Como te podrás imaginar, no.
5. TRABAJA TU FONDO

Hace poco me decía el monitor del gimnasio que sin trabajar el fondo no tendremos grandes resultados. Es ese fondo al que me refiero, has de trabajar la autoestima, que es ese gran motor que nos hace caminar por el mundo seguros, con buen talante. Otra parte importante de ese fondo la forman la confianza y la seguridad en uno mismo, con ella darás pasos de gigante en tu nuevo mundo por conquistar. Intenta forjar relaciones sólidas basadas en valores de confianza, respeto, apoyo mutuo, etc.

“LA RELACIÓN ENTRE LAS EMOCIONES Y EL ADN TRASCIENDE LOS LÍMITES DEL TIEMPO Y DEL ESPACIO”


El inconsciente biológico nos conecta con nuestros síntomas, con nuestras enfermedades, también nos conecta con las circunstancias que vivimos, con las relaciones que tenemos: la pareja, nuestro jefe, nuestros amigos, las personas con quienes interactuamos.

El inconsciente biológico nos conecta bajo el filtro de nuestras creencias. Nuestras creencias mas profundas se convierten en el patrón que va a dar forma a nuestras experiencias.

Para el inconsciente, que no vive la dualidad, tal como la entendemos nosotros, la realidad es muy diferente. Para él lo real es igual a lo virtual, no puede diferenciar entre lo que ocurre y lo que el cree que ocurre. El reacciona como si todo lo que pensamos, sentimos y vivimos fuera realidad. Hay una línea delgada entre imaginación y la realidad.

El inconsciente vive en la atemporalidad. No hay tiempo, todo es aquí y ahora. Nuestro intelecto lo divide en pasado presente y futuro. Lo que viví, lo que vivo y lo que creo viviré, se manifiestan siempre en ahora.

El inconsciente lo graba todo, lo guarda todo, porque nos puede ser necesario en cualquier momento. Si hemos tenido una experiencia traumática, el guarda todo lo que sentimos, la emoción y el resentir. Por ello, cuando vamos en busca de sanación, solamente tenemos que acceder a ese momento para poder cambiar la emoción.

El inconsciente es inocente, él no tiene capacidad de juzgar, el que lo veamos como malo o como bueno, depende de nuestras creencias y no precisamente de él.

El inconsciente te muestra tus creencias en el espejo de la vida. Nuestras verdaderas creencias se reflejan en nuestras creencias mas íntimas.

Para el inconsciente no hay nada externo. Para él todo es uno. Lo que vivimos y sentimos siempre está en nosotros. Si sufrimos es porque vemos sufrimiento, para el inconsciente el que sufre eres tú y la causa del sufrimiento está en ti. Entonces da una solución biológica a la que llamamos enfermedad.

Si nosotros hacemos nuestro el problema del otro, para el inconsciente el problema lo tenemos nosotros y no el otro. Nunca nadie ha solucionado el problema de otra persona sufriendo, lo único que va a conseguir es ponerse enferma y agravar el problema.

La biodescodificación utiliza varias técnicas, debe quedar claro que nuestro trabajo es la toma de conciencia. Cuando el paciente toma conciencia de la influencia que ejercen los ancestros, y que el inconsciente familiar guarda memoria de todos los hechos importantes, entonces está en posición de desarrollar un nivel de consciencia mas elevado.

Un segundo aspecto a tratar y muy importante, es el Proyecto Sentido, etapa que va de unos meses antes de la concepción, hasta los 3 años de edad.

Otro paso importante es el estudio de la vida contemporánea del paciente, donde se busca el conflicto desencadenante y todos los conflictos programantes. Estos últimos son aquellos con los que la persona recibe el bio-shock emocional, pero no produce síntomas físicos. Quedan en el inconsciente como una alarma, y cuando ésta se produce, entonces se desencadena la enfermedad.

Luego de realizar este trabajo, que puede durar una, dos o tres sesiones, se hace una terapia de cambio de valores y creencias, para ponerlas en acción. La persona debe ser testimonio de ella misma frente al mundo. La persona entra en coherencia emocional, y entonces, solo entonces, podemos empezar a hablar de curación integral, de plena conciencia.


La persona vive su vida, aparentemente es la misma, pero todos los acontecimientos han cambiado, todo es diferente. Está en coherencia emocional. Al hacer el cambio emocional con respecto a los acontecimientos de su vida, actúa sobre su cuerpo y accede a la curación.

SADOMASOQUISMO, ¿DÓNDE ESTÁN LOS LÍMITES?


Dejarse llevar y no controlar lo que va a pasar es lo que les resulta más placentero a muchos en su vida íntima. El sadomasoquismo es una conducta sexual que implica dolor físico y juegos de dominación, pero ¿dónde está el límite para alcanzar el placer?
Sadomasoquismo es una palabra que viene de los términos “sadismo” y “masoquismo”. El Marqués de Sade, escritor y filósofo francés del siglo XVIII, fue el primero que utilizó este concepto en sus obras y el que dio nombre a esta práctica sexual.
Con el tiempo, muchas parejas se han atrevido a combatir la rutina de su vida sexual con nuevas formas de avivar la pasión. Sin embargo, algunos han llegado a extremos como adoptar los roles de amo o sumiso. Para analizar estas conductas, EFEsalud ha conversado con José Bustamante Bellmunt, secretario general de la Asociación Española de Especialistas en Sexología y director del Centro de Psicología, Sexología y Pareja, con sede en Elche y Alicante.
El sadomasoquismo se utilizaba para hablar de una patología que tiene que ver con personas que necesitan ejercer la dominación, la violencia o la agresividad para sentir excitación, o bien aquellos que necesitan lo contrario, es decir, sentirse humilladas, en una actitud sumisa o recibir dolor para conseguir placer sexual.
A pesar de ello, hay muchos casos de personas que no llegan a convertirlo en patología como tal, sino que simplemente se aficionan a este tipo de prácticas en mayor o menor medida. “Es una distinción muy importante, ya que hay veces que no se trata de un trastorno y es solo una conducta sexual gratificante”, explica el experto.
LA DELGADA LÍNEA ENTRE TRASTORNO Y CONDUCTA
¿Dónde está el límite? Está en la necesidad. Hay quienes, para disfrutar del sexo, sienten la necesidad de incluir estos juegos y no se ven capaces de disfrutar de una relación sexual sin practicar la dominación y la sumisión. Jugar a forzar no llega a ser sadomasoquismo como tal, sino que es una práctica sexual como otra cualquiera.
“Hay muchos ejemplos de personas que han añadido dentro de sus rituales sexuales este tipo de prácticas y no supone un problema, sino que las disfrutan. Les sirve para romper la monotonía de una vida sexual. Incorporarlo dentro de tu vida sexual no es un problema, siempre y cuando las dos partes estén de acuerdo”, dice José Bustamante.
“Cuando se necesita el sadomasoquismo a toda costa, estaríamos ya hablando de patología”, añade el sexólogo.
El problema llega cuando, el que tiene la actitud masoquista, busca satisfacer la necesidad sádica fuera de su relación de pareja. Ahí llega la ayuda en terapia o la ruptura de la pareja.
JUEGOS SEXUALES DE ALTO VOLTAJE
Sadomasoquismo: dolor en busca de placer
EFE/GUILLERMO LEGARIA
“Disfruto cuando me someten” o “me siento bien cuando tengo una actitud de dominación” son dos pensamientos que las personas masoquistas o sádicas tienen en sus mentes a la hora de enfrentarse a su vida íntima.
En ocasiones, el sadomasoquismo se convierte en un simple juego de interpretación de roles. Sin embargo, en estos casos, el dolor sigue siendo la fuente de placer. De hecho, esta conducta sexual implica dos conceptos de dolor:
Dolor físico: en las prácticas más puramente sadomasoquistas, se realizan quemaduras con velas, pellizcos, ataduras realmente fuertes, golpes y bofetadas durante el acto sexual, además de mordiscos en la zona genital y en la del pecho.
Dominación: todo tiene que ver con la obediencia. El bondage, por ejemplo, requiere que haya ataduras en las manos y en los pies, vendas en los ojos o mordazas en la boca.
Cada pareja busca y explora aquellas prácticas que les resultan más excitantes. Normalmente, una persona sadomasoquista encuentra placer en las dos actitudes, tanto con dolor físico como en la parte de dominación, aunque también hay quienes solo lo alcanzan mediante una de las dos opciones.
PERFIL DE UN SADOMASOQUISTA
No se puede hablar claramente de un perfil. Sí que es cierto que la sexualidad, en este tipo de conductas extravagantes, cumple una función de compensación. Cuando una persona tiene que tomar decisiones en su día a día y llevar las riendas, pasa a ser sumiso en el terreno sexual. De esta forma, descargan la responsabilidad, no son juzgados y se dejan llevar.
SADOMASOQUISMO: DOLOR EN BUSCA DE PLACER
Al otro lado está quien en su vida normal se siente frustrado y no tiene un cargo donde ejercer la dominación. Esa persona desea tener un poder de control y lo saca a relucir en su vida íntima. “Estas personas se muestran débiles en el trabajo, pero en el ámbito sexual sí pueden ser los amos y eso les resulta placentero”, dice el psicólogo.
“Cualquier persona puede ser sadomasoquista en algún momento de su vida, pues la dominación y la sumisión siempre puede estar presente sin llegar a ser un trastorno”, subraya el experto.
DE LA FICCIÓN A LA REALIDAD
Desde “Cincuenta sombras de Grey”, el alcance que la novela erótica ha tenido entre nosotros ha sido enorme, sobre todo en mujeres.
“Muchas personas se han atrevido a practicar un tipo de juegos que hasta ahora no habían probado o que les había dado vergüenza sacar a la luz”, cuenta el especialista.
El sexo implica ciertos deseos, pero también, a veces, no tener el valor de decírselos a nuestra pareja. La normalización de los juegos de dominación gracias a unas novelas que han leído miles de personas y en las que aparecen prácticas de este tipo, hace que muchas parejas se atrevan.
José Bustamante apunta: “Antes no había tantos juguetes sexuales dedicados al mundo de la dominación o la sumisión, sino que eran unos artilugios más que no tenían tanto protagonismo como ahora. Es difícil ir a un sex shop y no encontrar fustas, cuerdas para atar, esposas o artilugios de cuero.”
SADOMASOQUISMO: DOLOR EN BUSCA DE PLACER
E.L. James, autora de la trilogía “Cincuenta sombras de Grey”/ EFE/ Víctor Lerena
Megan Maxwell, autora que ha saltado a la fama por su trilogía “Pídeme lo que quieras”, afirma: “Todo el mundo tiene fantasías, pero no hablan de ellas por pudor. El hecho que mis personajes sean realistas es clave para que las lectoras se adentren en la fantasía. Los hombres son más visuales, y las mujeres más de imaginar y fantasear. Leer este tipo de libros ayuda a imaginar y disfrutar de esas fantasías que anhelamos, pero que a veces las mujeres no nos atrevemos a realizar”.
“En ocasiones las mujeres disfrutan más leyendo escenas eróticas que practicando sexo real”, destaca Maxwell.
¿TIENE TRATAMIENTO?
Cuando se trata de una patología, se puede trabajar sobre ello y reorientar el deseo; es casi siempre la solución que los expertos proponen a sus pacientes. Sin embargo, muchas veces es difícil de dominar solo con el tratamiento psicológico y, en ocasiones, se requiere el uso de fármacos.

En la mayoría de las ocasiones se utilizan antidepresivos porque tienen una función que aumenta los niveles de dopamina. Esto hace que los comportamientos compulsivos se frenen. “El sadomasoquista tiene que dar el primer paso y reconocer que la fuerza de su adicción a estas prácticas está dominando su vida. Una vez que el paciente quiere y está convencido de hacerlo, la ayuda está servida en la consulta”, 

sábado, 17 de mayo de 2014

ADOLESCENTES CON DEPRESIÓN Y ESTRÉS


En la adolescencia, problemas psicológicos como la depresión o el estrés no siempre se manifiestan con las señales características en los adultos. En muchas ocasiones, la depresión queda enmascarada bajo otros síntomas, como agresividad o irritabilidad. Por este motivo, se aconseja a los padres que estén atentos a los cambios de humor de sus hijos y fomenten la comunicación con ellos.
AutorLa depresión y el estrés son dos de los problemas de salud más importantes en la actualidad. Y los adolescentes, inmersos en una etapa de cambios cruciales, también los sufren: uno de cada cinco padece sus consecuencias. El estrés es la respuesta automática y natural del cuerpo ante las situaciones que resultan amenazadoras o desafiantes. El entorno está en constante cambio y hay que adaptarse de manera continua. Sin embargo, cuando el estrés es excesivo pueden desarrollarse problemas psicológicos, como trastornos de ansiedad o depresión.
SEÑALES HABITUALES
Entre las señales del estrés habituales en esta franja de edad figuran taquicardias, aumento de la agresividad, abuso de sustancias tóxicas, como el alcohol o las drogas, y el desarrollo de alguna enfermedad física. Como destaca Esther Calvete, profesora de psicología de la Universidad de Deusto, “el estrés responde a una situación de desajuste vital”. Esta situación que lo genera es muy variada: un examen en el instituto, discusiones con los amigos o la separación de los padres. Cuando el estrés es intenso, según las peculiaridades de cada individuo, pueden surgir síntomas de diversa naturaleza: ansiedad, depresión o conducta agresiva, entre otras.
Los síntomas de la depresión en los más jóvenes pueden ser diferentes a los manifestados por adultos. No es sencillo diagnosticar una depresión durante la adolescencia, ya que en esta etapa son habituales los altibajos en el estado de ánimo. Además, indicios tan típicos de la depresión como tristeza, problemas para dormir o falta de autoestima pueden estar enmascarados por una conducta desobediente, discusiones frecuentes, consumo de drogas, etc.
En estos casos, explica Calvete, los adultos pueden interpretar que el problema del joven es de una naturaleza distinta a la depresión, pese a que un diagnóstico correcto es el paso previo necesario para una intervención adecuada. El adolescente puede mostrarse triste y apático, aunque en ocasiones manifiesta irritabilidad y reacciona de manera brusca hacia las demás personas. “Estos cambios emocionales se acompañan de pensamientos negativos o falta de autoestima, se siente rechazado o sin esperanza de que las cosas mejoren. En ocasiones, los pensamientos incluyen ideas de suicidio”, añade la experta.
SENTIRSE ACEPTADO
El papel de la familia consiste en ayudar a que su hijo tenga un auto-concepto de sí mismo equilibrado y una autoestima positiva
Durante la adolescencia, ser aceptado por los demás se convierte en una necesidad psicológica fundamental. Esta necesidad de aceptación tan intensa “se debe a los estereotipos y valores que caracterizan la cultura occidental”, considera Calvete. A las chicas se les enseña, en mayor medida, que es importante agradar a los demás, lo que implica tener un aspecto físico que guste. Algunas comienzan a deprimirse a raíz de comentarios negativos sobre su aspecto físico. En muchos casos, cuando se tiene la creencia de “necesito ser aceptada por los demás, sería horrible que me rechazaran…”, cada vez que se enfrenta a una crítica o al rechazo por parte de los demás lo pasa muy mal. Si estas situaciones se repiten de forma prolongada, pueden desarrollarse los síntomas depresivos.

Un joven que tiene problemas para que le acepten cambiará algunas de sus conductas. La psicóloga Sílvia Sumell afirma que algunas señales son indicativas de que un adolescente tiene problemas para que le acepten socialmente, como el hecho de que “nunca o muy pocas veces quede con alguien, no le llamen, no se conecte a ninguna red social como Facebook, tenga problemas con los compañeros de clase (peleas) o con los profesores (contesta mal, es desafiante, etc.), no le apetece quedar con nadie, se aburre o está más irritable que de costumbre, tiene alteraciones del sueño o del apetito, o empeora su rendimiento académico”.
De la misma manera, algunos estudios señalan que a partir de los 13 ó 14 años aumentan los casos de depresión de una forma muy acusada. Este incremento se prolonga durante toda la adolescencia. Las chicas se deprimen con más frecuencia que los chicos: al final de la adolescencia, la tasa de depresión del sexo femenino es el doble que la del masculino.
PRESIÓN ACADÉMICA, DEPRESIÓN Y ESTRÉS
Una de las principales causas de depresión en la adolescencia es la exigencia por obtener buenas notas. Alicia López de Fez, psicóloga en Valencia, señala que los adolescentes se quejan de la presión académica, ya que llegan a la consulta con un gran sentimiento de inseguridad y con poca confianza en sus posibilidades. En las sesiones, ganan autoconfianza y las quejas por la carga de los estudios dejan de ser tales de manera progresiva. Si se ajustan las metas a los recursos, si se establecen metas realistas, la presión académica percibida es menor y la frustración, también.
Las quejas sobre la cantidad excesiva de deberes, exámenes o trabajos que entregar y muy poco tiempo son habituales. No obstante, Sumell afirma que “no hay una presión académica generalizada, sino que los jóvenes con problemas añadidos suelen percibirlo así y, a consecuencia, su rendimiento académico queda afectado”.
Esta presión no sólo es responsabilidad de los padres. Los expertos coinciden en que hay una presión social que empuja a ser cada vez más y más competitivos. Quienes no tienen una vocación clara o están desmotivados con los estudios, pueden sufrir más. “Acuden a la consulta jóvenes sin vocación ni hábito de estudio que sobreestiman sus cualidades y que no son capaces de reconocer que sin fuerza de voluntad y sacrificio no lograrán empezar, o terminar según los casos, sus estudios universitarios”, explica López de Fez.
Por otro lado, una de las principales consecuencias de la actual crisis económica es el futuro laboral que espera a muchos de ellos. La falta de perspectivas en este terreno es un factor estresante en el final de la adolescencia y puede provocar problemas como ansiedad o depresión.
FOMENTAR LA AUTOESTIMA
El auto-concepto es la imagen que se tiene de uno mismo y la autoestima es la medida en que esa imagen gusta o no al propio individuo. La autoestima es positiva si la imagen que tiene una persona de sí misma es positiva. Sílvia Sumell explica que la autoestima se forma a lo largo de la vida según los comentarios que se reciben de los padres y de las experiencias que se viven. “Una de las funciones de las familia es ayudar a que su hijo tenga un auto-concepto de sí mismo equilibrado (adaptado a su realidad) y una autoestima positiva”, indica Sumell.
Esta profesional aconseja, en primer lugar, hacer uso del lenguaje de la autoestima: mejorar la comunicación con el adolescente y, para ello, emplear un lenguaje positivo y evitar acusaciones, ridiculizaciones y comentarios irónicos. Para que los progenitores contribuyan a fomentar una autoestima sana en sus hijos, aconseja:
·         Aceptarles tal y como son.
·         Descubrir qué tienen de especial y decírselo.
·         Tratarles con respecto y afecto.
·         Premiar sus éxitos y sus esfuerzos.
·         Ayudarles a aceptar sus propias limitaciones.
·         Colaborar para que se fijen metas razonables.
·         Ayudarles a conseguir el éxito social porque es básico para ellos.

·         Fomentar su autonomía mediante la confianza y permitirles asumir responsabilidades

viernes, 16 de mayo de 2014

LOS TRASTORNOS DE LA SEXUALIDAD


El sexo constituye la mayor expresión de intimidad que dos personas pueden compartir. Con frecuencia tiene lugar en el contexto de una relación de pareja, y goza de una gran importancia en lo relativo a la consolidación del vínculo amoroso y la manifestación de ternura y aprecio. En otras circunstancias el sexo puede buscarse exclusivamente para obtener placer, de forma que éste queda desvinculado de una relación puramente afectiva (y puede implicar a más de dos personas, como es el caso de los tríos o las orgías).
Los problemas que tienen lugar en el ámbito de la sexualidad pueden manifestarse en otras áreas de la vida en común, pudiendo llegar a alterar profundamente la convivencia y generar una profunda insatisfacción personal. Son muchas las circunstancias que pueden propiciar condicionantes en esta faceta de la vida, desde alteraciones biológicas (enfermedades de base física, tratamientos quirúrgicos o químicos, etc.) a conflictos relacionales (pérdida de atractivo de la pareja, frustración, vergüenza, culpa, etc.) y trastornos mentales (depresión, ansiedad, etc.).
En este texto vamos a analizar los principales trastornos que se observan en la consulta, excluyendo de nuestros propósitos divulgativos las parafilias de relevancia clínica (pedofilia, necrofilia, zoofilia/bestialismo, etc.). No se trata de un análisis exhaustivo, sino de una breve revisión en torno a las fases de la relación sexual (deseo, excitación, meseta, orgasmo y resolución) y los posibles condicionantes que en éstas pueden concurrir. Por su especial relevancia, prestaremos una mayor atención al deseo sexual y la excitación, por tratarse de las más habitualmente afectadas.
DESEO SEXUAL
Las alteraciones del deseo sexual constituyen uno de los principales trastornos que pueden observarse en la clínica. En estos casos, la persona manifiesta no experimentar interés por mantener relaciones sexuales. Este desinterés puede estar asociado exclusivamente a la pareja habitual o hacerse extensible a cualquier otra persona, de forma que el grado de afectación trascendería la problemática relacional para pasar a formar parte de una posible percepción aversiva del sexo.
El Deseo Sexual Inhibido (DSI) es un fenómeno más común en mujeres que en hombres. A menudo emerge en el contexto de una terapia de pareja, en la que se hacen explícitos conflictos relacionales de intensidad variable. Es habitual, por ejemplo, que la ausencia de deseo se asocie a una percepción general de insatisfacción con la pareja o con uno mismo, que ocurra en momentos de elevado estrés (laboral o de cualquier otro género), a lo largo del desarrollo vital (menopausia, p.e.) o que sea el resultado de una erosión significativa del vínculo amoroso. En cualquier caso, la ausencia de contacto sexual promueve una dinámica sentimental caracterizada por un deterioro progresivo de la relación que con relativa facilidad puede conllevar una ruptura definitiva. Evaluar la problemática que subyace a la atenuación/desaparición del deseo es una cuestión de especial relevancia a la que se ha de dedicar un tiempo generoso en la consulta, puesto que facilitar un espacio terapéutico en el que se resuelvan los conflictos a través de una comunicación abierta y sincera puede propiciar un clima de entendimiento muy positivo.
Es también habitual observar que tras la afectación del deseo sexual se encuentra una miríada de creencias irracionales que orbitan en torno al sexo, y que a menudo se han transmitido por figuras de apego significativo a lo largo del proceso educativo (así como a través de los medios de comunicación y la cultura donde la persona está inmersa). En este sentido, se encuentra con relativa frecuencia que la persona afectada manifiesta aversión al sexo por considerarlo un asunto sucio, pecaminoso, denigrantre o indigno; lo que añade a la ausencia de deseo un componente de repulsión que lo fortalece y cronifica. Esta aversión puede asociarse a actividades sexuales específicas (sexo oral, sexo anal, etc.) o a la generalidad del acto sexual (lo que hace más complejo el tratamiento psicológico). En la evaluación del paciente es necesario explorar la posible presencia de abusos sexuales en algún momento de su historia vital, ya que a menudo son éstos los que explican la particular perspectiva que adoptan en relación al sexo. En caso de confirmarse el abuso será necesario explorar sus componentes, el tiempo durante el cual se mantuvo y que rol asumía el abusador en la vida de la persona (familiar, amigo, etc.). También es frecuente que en caso de DSI asociado a abuso (violación, incesto, etc.) se manifiesten comórbidamente otros fenómenos clínicos, como la anorgasmia, el vaginismo y/o la dispareunia (de las que hablaremos más adelante). En otros casos (incesto perpetrado por la figura paterna, especialmente) se observa precisamente lo opuesto a la inhibición del deseo, esto es, una conducta excesivamente erotizada que se utiliza como estrategia de vinculación afectiva y aprobación.
En algunas ocasiones, estadísticamente menos relevantes, observamos casos en los que el DSI se asocia a un perfil de personalidad específico por el cual la persona muestra, sin conflicto subyacente aparente, una total ausencia de deseo. Esta postura constituye una posición vital que por sí misma es egosintónica (no genera malestar), por lo que a menudo acuden a consulta acompañados por su pareja (que refiere quejas en torno a la intensidad o el número de contactos sexuales mantenidos).
Aunque en la mayoría de ocasiones el DSI obedezca a conflictos psicosociales en el ámbito de la intimidad relacional, es posible encontrar otros casos de ausencia de deseo cuya etiología es claramente fisiológica. Es posible, por ejemplo, que un aumento de la prolactina o una reducción de la testosterona en el organismo reduzcan significativamente el deseo percibido. Ambos fenómenos son habituales en determinados momentos de la vida, que se acompañan de un declive endocrino evidente (menopausia o andropausia, p.e.) o que estén vinculados a una experiencia estresante de larga duración que afecta el funcionamiento de las glándulas (pineal, tiroides, testículos, suprarrenales) encargadas de la secreción de estas hormonas. En un número reducido de casos, esta actividad hormonal deletérea se asocia a la presencia de elementos tóxicos en el organismo (como los anabolizantes, determinadas sustancias psicotrópicas, alcohol, tabaco o fármacos de uso común) que por sí mismos (o en combinación con otros) acaban por generar la sintomatología. También la falta de sueño y la malnutrición pueden jugar aquí un papel relevante.
EXCITACIÓN
Los trastornos de la excitación pueden ocurrir durante el acto sexual practicado en ausencia de deseo, pero también en casos donde la persona experimenta un alto deseo de practicar sexo pero, por algún motivo, la fase de excitación no transcurre con normalidad.
En esta etapa (ver artículo “Fases de la Respuesta Sexual Humana”, en nuestra web), se manifiestan un conjunto de correlatos fisiológicos que constituyen un elemento esencial en la respuesta sexual. El corazón late más deprisa, se produce una alteración en la emisión de saliva, se observa un incremento en la actividad electrodérmica y aparecen cambios evidentes en los órganos sexuales del hombre y la mujer (que propician, entre otros, la penetración). Es posible que en los trastornos de la excitación se haga manifiesta una alteración en este proceso que interrumpa definitivamente el encuentro sexual por una afectación de la experiencia de placer.
En el caso de la mujer, puede observarse un déficit en el aporte sanguíneo de la vagina y su musculatura, que se refleja en una respuesta lubricatoria deficiente. Esto puede deberse a una estimulación insuficiente/aversiva (caricias toscas, juego amoroso breve/deficiente, movimientos muy bruscos, intentos de penetración precipitados, etc.) o ser una manifestación de alteraciones físicas o endocrinas. Con la llegada de la menopausia es habitual que los cambios en la dinámica de los estrógenos precipiten respuestas lubricatorias anómalas, lo que puede resolverse fácilmente con el uso de lubricantes (que pueden adquirirse por prescripción facultativa). En otros casos, los problemas de excitación en la mujer se asocian a experiencias dolorosas durante el coito, que pueden estar asociadas a alteraciones de la estructura uterina (prolapso) o a respuestas musculares/sensoriales específicas (vaginismo o dispareunia). También los problemas relacionales (relación rutinaria, conflictos personales, ausencia de comunicación, pérdida de atractivo, etc.) se encuentran en el núcleo de la problemática asociada a las alteraciones de la excitación, tanto en hombres como en mujeres.
En el prolapso (o desplazamiento del útero) observamos anormalidades uterinas que dificultan la introducción del pene y la evolución favorable del encuentro sexual hasta la experiencia orgásmica. Puede ocurrir, por ejemplo, que el útero se encuentre desplazado y su estimulación interna genere dolores cuya intensidad convierte el sexo en una experiencia desagradable (que a menudo progresa hacia formas severas de deseo sexual inhibido) o que el pene entre en contacto con estructuras internas que alteren la respuesta excitatoria normal.
El vaginismo es una fuerte contracción involuntaria de los músculos del último tercio de la vagina, lo que supone una oclusión de la entrada vaginal y por tanto, un impedimento para llevar a cabo una penetración adecuada (a pesar de que el varón consiga una respuesta eréctil favorable). Es posible que este fenómeno se presente junto a creencias erróneas asociadas al sexo o que exista una historia previa de abuso sexual, aunque en la mayor parte de las ocasiones su etiología no está totalmente clara (ya que aparece en mujeres completamente sanas). Su tratamiento es muy sencillo: consiste en la introducción de dilatadores vaginales de diámetro progresivamente mayor diseñados especialmente para este cometido. Es adecuado que si se advierten síntomas de vaginismo se acceda cuanto antes a un especialista, puesto que es un problema de sencilla resolución (y en caso de no corregirse puede deteriorar la calidad de la relación sexual). La dispareunia, por otra parte, hace referencia a cualquier experiencia dolorosa durante/después del acto sexual y su origen puede ser muy diverso: desde alteraciones estructurales o funcionales hasta conflictos psicológicos importantes (intra o interpersonales). En este caso, el tratamiento es más complejo y existe la posibilidad de que no se resuelva completamente la sintomatología (pues ésta depende del origen de la misma). Una exploración ginecológica en profundidad determinará la etiología orgánica en caso de que la hubiere, mientras que una valoración psicológica exhaustiva profundizará en cualquier base psicológica que pudiera explicar la alteración.
En el caso del hombre, los principales trastornos de la excitación son la eyaculación precoz y la disfunción eréctil, aunque también existen otras condiciones médicas dolorosas (síndrome de Peyronie o induración plástica del pene, que afecta a su curvatura e inclinación) que pueden afectar a la excitación. Las lesiones de los vasos cavernosos pueden propiciar alteraciones estructurales importantes que también generen dolor y déficit excitatorio. En el caso de la eyaculación precoz, se observa expulsión seminal como resultado de una estimulación leve (y en los casos más graves, ni siquiera resulta necesario el contacto propiamente dicho). Debido a que generalmente esta eyaculación sucede con anterioridad a que la pareja sexual haya alcanzado el orgasmo (y es seguida de una respuesta refractaria del pene que impide la continuidad del coito) es posible que el varón experimente sensación de inadecuación que merme la autoestima y erosione la relación de pareja. En estos casos, es necesario continuar la estimulación haciendo uso de otros procedimientos, de modo que el contacto pueda prolongarse en el tiempo y resultar más satisfactorio para ambas partes. El tratamiento de la eyaculación precoz es también muy sencillo (erotización sexual sin penetración, estimulación con pausas, etc.), por lo que resulta llamativo que continúe siendo (junto a la disfunción eréctil) el más frecuente de estos trastornos en el varón. En cuanto a la disfunción eréctil, en la mayoría de las ocasiones se observa una etiología psicológica clara, aunque también puede haber causas fisiológicas que la provoquen (alteraciones endocrinas, lesiones medulares, problemas de conducción sanguínea, lesiones estructurales de los cuerpos cavernosos y/o de la túnica albugínea que sirve de revestimiento interno de los cuerpos cavernosos, etc.). En este trastorno, el pene no alcanza un grado de firmeza suficiente para conseguir una penetración satisfactoria, lo que dificulta enormemente llegar al orgasmo y puede producir frustración en la pareja. Es habitual que un solo encuentro sexual en el que se presente un problema de disfunción eréctil (cotidianamente conocido como “gatillazo”) sea suficiente para condicionar encuentros posteriores a través de un mecanismo de hipervigilancia obsesiva del rendimiento sexual. El consumo de alcohol, tabaco y otras drogas también puede alterar la fluencia de sangre a los cuerpos cavernosos, alterando la respuesta de erección. Sea como fuere, la percepción subjetiva de impotencia en el ámbito sexual puede alterar profundamente la autoestima (tanto del varón como de la mujer).
Finalmente, encontramos otras alteraciones de la excitación en el varón que se asocian a penetraciones dolorosas. Es el caso, por ejemplo, de la enfermedad de Peyronie (curvatura anormal del pene con alteración de las estructuras internas) o la fimosis de gran oclusión que no ha recibido tratamiento quirúrgico adecuado (que puede llegar a producir, en determinadas circunstancias, un estrangulamiento del glande que requiera atención médica inmediata). Otras alteraciones fisiológicas (frenillo del pene excesivamente corto, por ejemplo) también pueden producir dolor y generar lesiones durante el acto sexual, lo que necesariamente va a alterar la respuesta de excitación.
Finalmente, más allá de estos problemas anatómicos y funcionales, se encuentran con mucha frecuencia alteraciones de la excitación que se asocian a hábitos y creencias falsas sobre el sexo. Por ejemplo, ciertas ideas subjetivas (como las que hemos tratado en las alteraciones del deseo) pueden inhibir la respuesta excitatoria y obligar a la interrupción del coito (no merecer el orgasmo, vergüenza de expresar la experiencia de placer, tener un pene demasiado corto o estrecho, pechos caídos, estar gordo/a, etc.). También es habitual que el desconocimiento o ignorancia de la respuesta sexual masculina/femenina (o la información inadecuada sobre ésta) propicie encuentros poco estimulantes para la pareja sexual, por lo que siempre es interesante que todas las personas reciban una adecuada educación erótica/sexual y conozcan en profundidad los deseos de su compañero o compañera (que dependerán de su capacidad para expresar sus preferencias y carencias). En IVAPSAN organizamos periódicamente charlas y cursos para cubrir esta necesidad divulgativa.
 MESETA
Los trastornos de la sexualidad en esta etapa son similares a los que se observan en la fase de excitación. De hecho, son muchos los autores que abordan la sexualidad y no contemplan esta etapa como un parte independiente del proceso sexual, sino como una simple continuidad de la fase de excitación. Aún así, es necesario señalar que ciertas alteraciones físicas (insuficiencia cardíaca o hepática, p.e.) pueden propiciar un acortamiento del tiempo de penetración por percepción de fatiga. También puede ocurrir que un coito que se prolongue demasiado en el tiempo imponga también importantes condicionantes para alcanzar el orgasmo, ya que la tumefacción del pene y la lubricación vaginal tienden a disminuir progresivamente.
Existen también casos en los que un miembro de la pareja busca exclusivamente satisfacer al otro, sacrificando su placer personal (o que, en cambio, muestre una actitud excesivamente egoísta). Es frecuente que en estas situaciones acabe deteriorándose profundamente la calidad de las relaciones sexuales, puesto que se convierten en encuentros generadores de ansiedad y frustración.



ORGASMO
Los trastornos del orgasmo son, junto a los que comprometen al deseo sexual (que ya hemos abordado), los más frecuentes en la mujer. De hecho, estadísticamente son más habituales en la población femenina que en la masculina. Todas las dificultades para alcanzar el orgasmo se engloban en el concepto general de anorgasmia y, como el resto de alteraciones sexuales, puede tener un origen tanto fisiológico como psicológico.
Por un lado, observamos anorgasmia (incapacidad para lograr el orgasmo) en aquellas mujeres que sufren alteraciones en la estructura del clítoris. Al parecer, según estudios recientes, sería esta estructura (que goza de una extensa y riquísima enervación) la responsable última de la experiencia de placer en el orgasmo femenino (por estimulación externa del propio órgano o de sus ramificaciones nerviosas en la pared vaginal). Los casos más extremos de anorgasmia asociada a estimulación del clítoris concurren en aquellas mujeres que han sufrido ablación de esta estructura en ritos propios de ciertas culturas, que incluyen la extracción quirúrgica completa o parcial de la misma. En estos casos se observa un incremento del placer a medida que avanza el encuentro sexual, pero en ningún caso se llega a producir el orgasmo. El fenómeno contrario se observa en las mujeres multiorgásmicas, pues aunque objetivamente presenten una alteración del orgasmo, ésta no suele motivar consultas con el especialista.
Muchas mujeres indican que, a pesar de no tener ningún problema de salud (fisiológico o psicológico) son incapaces de experimentar orgasmos en sus encuentros sexuales. En este momento no se dispone de datos suficientes para dar respuesta adecuada a este hecho, pero se están realizando muchas investigaciones para explicar los motivos que subyacen a él. Lo que sí es más habitual es que, con la llegada de la menopausia, se observe una reducción del placer orgásmico inducida por los cambios naturales en la respuesta fisiológica (aunque no afecta a todas las mujeres). También las creencias irracionales, la vergüenza a expresar placer, cualquier problema vital de especial relevancia (cambios abruptos en la línea de la vida, paro, jubilación, economía deficiente, etc.), trastornos emocionales (ansiedad o depresión), etc. pueden atenuar o inhibir completamente el orgasmo.
En los varones, se han observado ciertas alteraciones fisiológicas que generan retroeyaculación (el semen se deposita en la vejiga) y reducen significativamente la experiencia de placer en el orgasmo. Los tumores benignos de próstata, además de provocar potencialmente otros problemas de salud, también pueden reducir la respuesta orgásmica. El consumo de alcohol u otras drogas con el objetivo de potenciar la experiencia sexual puede provocar, de hecho, una experiencia totalmente contraria (ya que, aunque pueden aumentar puntualmente el deseo en dosis bajas, la intensidad del orgasmo es mucho menor) por lo que siempre es desaconsejable utilizar cualquier droga con este objetivo (y realmente, con cualquier otro). La atenuación del placer orgásmico por consumo de drogas es especialmente importante en el caso de los varones, aunque también afecta a la población femenina.
RESOLUCIÓN
Una vez alcanzado el orgasmo, acontece seguidamente la fase de resolución. En este momento se atenúan progresivamente todos los cambios fisiológicos que se han ido desencadenando a lo largo de la fase de excitación (cuya máxima expresión tiene lugar en el orgasmo) y cuyo objetivo sería facilitar el encuentro sexual. Fisiológicamente, la pareja experimenta una sensación de relajación e incluso somnolencia, hipersensibilidad al contacto y declinación del deseo sexual (que se había mantenido hasta el momento). En algunas mujeres este deseo no se reduce (o incluso se intensifica), y es posible continuar con la estimulación sexual para conseguir nuevos orgasmos sucesivos (multiorgasmia).

Las principales alteraciones que pueden darse durante la resolución serían el priapismo (mantenimiento doloroso de la erección en el varón) y el dolor post-coital (una forma de dispareunia que puede obedecer a problemas de salud subyacentes). Ambas condiciones son infrecuentes, pero pueden requerir intervención médica especializada